Introducción
Actualmente la licenciatura de medicina en México suele durar entre 6 y 7 años, en los cuales se organiza un plan de estudios que abarca tanto la teoría como la práctica clínica. Durante la fase preclínica (2-3 años) se imparten asignaturas básicas, tales como anatomía, fisiología, bioquímica, microbiología, farmacología y bioética. Durante la fase clínica (2-3 años), se incluyen asignaturas que permiten aplicarse en entornos prácticos: cirugía, medicina interna, pediatría, gineco- obstetricia, psiquiatría y medicina preventiva. Las prácticas se realizan en hospitales y centros de salud, en donde es posible que el estudiante interactúe directamente con los pacientes bajo la supervisión de profesionales de la salud experimentados. Posteriormente, los estudiantes realizan un internado rotatorio y cumplen con un servicio social.
El sistema educativo en medicina se ha enfocado en la formación integral de los estudiantes, con un enfoque en medicina preventiva y salud pública. El enfoque educativo ha permitido el desarrollo de profesionales de la salud con habilidades y aptitudes necesarias en el área; sin embargo, dentro de los programas educativos se identifican áreas de oportunidad y mejora continua.
En la década de 1990 se publicó un reporte en los Estados Unidos de América titulado To err is human: building a safer health system (Errar es humano: construyendo un sistema de salud más seguro), en el cual se hizo énfasis en la magnitud y las consecuencias de los errores médicos en el sistema de salud estadounidense y se establecieron recomendaciones para mejorar la seguridad en la atención sanitaria1,2. Luego surgieron nuevas publicaciones que establecieron al error humano como causa principal de lesiones o complicaciones no intencionales producidas por la atención sanitaria, con lo cual surgió la necesidad de mejorar los programas de enseñanza médica incluyendo aspectos para la seguridad del paciente, la reducción de riesgos y la mejora de la calidad de la atención médica3.
La simulación clínica constituye una herramienta educativa que en la práctica optimiza la formación médica y la seguridad del paciente. Permite reproducir de manera controlada y segura procedimientos y escenarios clínicos, contribuyendo al desarrollo de habilidades y técnicas necesarias para el ambiente hospitalario.
Evolución de la simulación clínica
La historia de la medicina nos enseña que desde los comienzos de la formación médica el concepto de simulación se introdujo para facilitar la enseñanza de procedimientos y técnicas. Unos 600 años a.C., el médico cirujano Súsruta, en la India, ya promovía la práctica quirúrgica en materiales inertes4. Por otro lado, en Perú se hallaron cráneos con evidencias de trepanaciones datados entre los años 1000 y 1250 d.C.; el hallazgo de orificios realizados post mortem sugiere que estas prácticas se utilizaban con fines de entrenamiento quirúrgico5.
A partir del siglo XX, la simulación se formaliza en la enseñanza médica y se desarrollan simuladores con funciones específicas. A principios de la década de 1960, el médico anestesiólogo Peter Safar, en colaboración con Asmund Laerdal, desarrollaron el primer maniquí de reanimación cardiopulmonar, Resusci-Anne, que permitía a los estudiantes la práctica de la técnica de respiración boca a boca y de los masajes cardiacos externos6. En 1967, Abrahamson y su equipo en la University of Southern California presentaron Sim One, el primer maniquí computarizado que posibilitó la práctica segura de procedimientos clínicos complejos (auscultación e intubación), permitiendo a los estudiantes evaluar los signos vitales e intervenir para mejorar el estado fisiológico que el simulador presentara7.
Posteriormente, con el surgimiento de la programación fue posible el desarrollo de nuevos modelos de simulación con la innovación necesaria para permitir entornos más realistas, mejorando la experiencia de los estudiantes. A partir del siglo XXI, la simulación, que inicialmente estaba enfocada en técnicas de reanimación y anestesia, se ha ido extendiendo a diversas especialidades, permitiendo su uso en programas de enseñanza médica.
El uso de simuladores para la educación médica en los alumnos de pregrado se ha enfocado en el entrenamiento de habilidades de exploración física y quirúrgicas, así como en el área de la farmacología y las neurociencias8,9. Los simuladores utilizados se clasifican, según su parecido a la realidad, en simuladores de baja, media y alta fidelidad. Por lo general, se utilizan simuladores de baja fidelidad para enseñar conceptos y habilidades básicas; ejemplos de simuladores de baja fidelidad son el brazo de inserción intravenosa y Resusci-Anne. Los simuladores de moderada fidelidad permiten identificar el pulso, los sonidos cardiacos y los sonidos respiratorios; un ejemplo es el simulador de cardiología Harvey. Por último, los simuladores de alta fidelidad combinan maniquíes de cuerpo parcial o completo con la intervención de computadoras que muestran signos físicos y fisiológicos en los monitores. Este tipo de simulador puede hablar, respirar y responder de forma automática o manual a las intervenciones físicas y farmacológicas realizadas por los estudiantes; un ejemplo es el Simulador de Paciente Humano (METI HPS)10,11.
Ventajas de la integración de la simulación en la educación médica
Como se mencionó, en la actualidad la educación médica enfrenta el reto de innovar la enseñanza con el objetivo de mantener el enfoque en la seguridad del paciente, minimizando los riesgos y evitando los daños prevenibles.
La introducción de la simulación en la educación de los estudiantes de pregrado en medicina ha permitido una formación académica que hace frente a las exigencias que surgen en el entorno hospitalario, permitiendo a los estudiantes responder de manera más eficaz a los retos y las demandas de la cultura de seguridad del paciente.
Los programas de simulación ofrecen la oportunidad de interactuar y desarrollarse en determinados procedimientos médicos; es decir, se brinda al estudiante un entorno simulado en donde el aprendizaje adquirido permite evaluar su conocimiento y habilidades técnicas sin poner en riesgo a un paciente real, de manera que el estudiante conoce sus capacidades e identifica sus áreas de mejora12. Cabe mencionar que, dentro de las principales ventajas que ofrecen los modelos de simulación, se encuentra la repetición, pues el estudiante puede practicar determinados procedimientos médicos (intubación, inserción intravenosa, desfibrilación, etc.) las veces que lo requiera para mejorar su habilidad y técnica, lo cual no es una opción viable en los pacientes reales13. Además, existen simuladores que replican condiciones médicas raras que los estudiantes podrían no ver durante sus rotaciones clínicas, por lo que los médicos en formación no solo mejoran sus técnicas, sino que es posible generar en ellos mayor seguridad y confianza al desenvolverse en entornos hospitalarios reales, en donde se encontrarán preparados para enfrentar la condición que presente el paciente de manera segura y eficaz.
Los estudios han demostrado que los programas de simulación fortalecen la adquisición y la retención de habilidades en los estudiantes, en comparación con los modelos tradicionales de aprendizaje14. Entre 2007 y 2009 se llevó a cabo un estudio en el Hospital Popular de la Universidad de Pekín con el objetivo de analizar la curva de aprendizaje en la realización de toracocentesis mediante simulación clínica. Participaron 52 estudiantes de quinto año de medicina y un grupo control de 32 residentes de primer año. El entrenamiento consistió en sesiones prácticas con simuladores diseñados para la técnica de toracocentesis, y se evaluaron tanto el aprendizaje inmediato como la retención de habilidades a largo plazo. Los resultados mostraron que los estudiantes sin experiencia previa fueron capaces de adquirir las competencias necesarias para realizar la toracocentesis de manera segura y eficaz tras el entrenamiento basado en simulación. Además, se observó que los estudiantes de sexto año con experiencia previa en simulación tuvieron un rendimiento superior al de los residentes de primer año sin dicha capacitación. Se concluyó que el uso de dichos simuladores debería integrarse como un componente esencial en la enseñanza médica, dado su impacto positivo en el desempeño clínico15.
Actualmente, las instituciones académicas utilizan simuladores de alta fidelidad, los cuales se encuentran entre las formas más avanzadas de simulación. Como se mencionó, estos programas se basan en maniquíes y simuladores avanzados de pacientes que pueden replicar estados fisiológicos y patologías médicas. También se ha introducido el uso de simuladores de realidad virtual, con los cuales los estudiantes pueden navegar por hospitales e interactuar con pacientes virtuales, que se encuentran programados para presentar ciertas condiciones médicas creando entornos inmersivos que mejoran la experiencia de los estudiantes12. El uso de simuladores en el entorno formativo contribuye en gran manera al desarrollo profesional de los alumnos, pues permite mejorar la toma de decisiones y desarrollar el pensamiento crítico16.
Las ventajas que ofrece la simulación no se limitan al desarrollo individual de los alumnos, sino que implican al propio desarrollo del sistema educativo, pues permiten a las instituciones académicas y docentes evaluar el desempeño de los estudiantes, con lo cual es posible impulsar el desarrollo profesional de los alumnos, identificando fortalezas y debilidades, y alineándose a las demandas de los entornos hospitalarios.
Limitaciones y desafíos
Existe limitada literatura sobre el establecimiento de un centro de simulación y la superación de los desafíos que implica17. La educación médica actual mantiene el enfoque tradicional de enseñanza, por lo que se requiere una transición hacia dicho modelo.
Es necesario implementar un cambio en los planes de estudios de las instituciones académicas, incorporando los programas de simulación como parte integral del currículo universitario. Los centros de simulación deben diseñarse con suficiente adaptabilidad para garantizar que los estudiantes puedan llevar a cabo sus actividades de manera óptima. En términos generales, un centro de simulación requiere una estructura física funcional que contemple distintos espacios destinados a la enseñanza y al apoyo operativo, como salas de simulación clínica, áreas de enseñanza y espacios para las reuniones de revisión y reflexión (debriefing), entre otros17.
La capacitación de los instructores es otro punto que hay que considerar, pues deben contar con las habilidades necesarias para el manejo de equipos de simulación complejos, así como para el diseño de escenarios de entrenamiento realistas y el seguimiento de sesiones o retroalimentación estructuradas que proporcionen comentarios valiosos y refuercen el conocimiento adquirido en los estudiantes12.
La inversión y el financiamiento de estos centros son uno de los principales desafíos, pues adquirir simuladores conlleva un alto costo. Por ejemplo, un maniquí de alta fidelidad puede costar más de 50.000 dólares, sin incluir los gastos adicionales de software, mantenimiento y actualizaciones. Por otro lado, el establecimiento de centros de simulación dedicados con tecnología e instalaciones avanzadas aumenta aún más la carga financiera13, por lo que el costo de construcción, equipamiento y mantenimiento debe considerarse y administrarse de la manera óptima.
Conclusiones
Como se mencionó, durante la práctica clínica se identificó al error médico como la principal causa de efectos adversos en los pacientes, y de ahí la importancia de la implementación de medidas que refuercen la seguridad del paciente y reduzcan al mínimo el riesgo y el daño innecesario por causa de la atención médica.
Para lograr el cumplimiento en la seguridad del paciente es indispensable la formación continua de los profesionales de la salud, y de igual forma la enseñanza en los alumnos de pregrado representa un punto clave. La simulación en la educación médica es la herramienta con mayor potencial para este objetivo.
El uso de simuladores en la enseñanza clínica logra que los estudiantes adquieran conocimientos, habilidades técnicas y pericia para el manejo de problemas complejos, que en su conjunto permiten favorecer el rendimiento clínico. Las soluciones y las ventajas que se derivan de estos nuevos programas académicos representan un potencial para el desarrollo de profesionales que puedan hacer frente a los problemas actuales del sector salud y de la práctica médica.
Es importante considerar que la implementación de estos nuevos modelos de enseñanza representa un reto para las instituciones académicas, por lo que los programas deben contemplar cada desafío con soluciones viables, considerando las propias necesidades y los objetivos de la institución, así como los recursos disponibles para su aprovechamiento.
Financiamiento
Los autores declaran no haber recibido financiamiento para este estudio.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no tener conflicto de intereses.
Consideraciones éticas
Protección de personas y animales. Los autores declaran que para esta investigación no se han realizado experimentos en seres humanos ni en animales.
Confidencialidad, consentimiento informado y aprobación ética. El estudio no involucra datos personales, historias clínicas ni muestras biológicas humanas, por lo que no requiere aprobación ética. No se aplican las guías SAGER.
Declaración sobre el uso de inteligencia artificial. Los autores declaran que no se utilizó ningún tipo de inteligencia artificial generativa para la redacción ni la creación de contenido de este manuscrito.
