Simulación médica como complemento de la enseñanza clínica tradicional

Simulación médica como complemento de la enseñanza clínica tradicional

Joel Rojas-Ibarra 1, Ariana Cerón-Apipilhuasco 2 , Jorge Loría-Castellanos 3 , Juan R. Mendoza-Carrillo 1

1 Centro Anáhuac de Simulación Clínica, Ciudad de México, México; 2 Direction, Clinical Simulation Center, Universidad Anáhuac México, Mexico City, Mexico; 3 National Clinical Simulation Network, Mexico City, Mexico

*Correspondencia: Juan R. Mendoza-Carrillo. Email: dr.rodrigo.mendoza.carrillo@gmail.com

Fecha de recepción: 15-04-2026
Fecha de aceptación: 25-05-2026
DOI: 10.24875/AMH.M26000163
Disponible en internet: 24-07-2026
An Med ABC. 2026;71(3):233-239

Resumen

La simulación médica es una herramienta que permite al estudiante participar en escenarios clínicos que se asemejan a la realidad y le brindan destreza y confianza antes de enfrentarse a situaciones reales. Surge entonces la pregunta de si la simulación médica puede ofrecer mejores resultados que la enseñanza clínica tradicional. El objetivo de este artículo es analizar el impacto educativo y económico de ambos métodos, con el fin de determinar su efectividad como estrategias complementarias en la formación médica. Se realizó un estudio de tipo revisión narrativa con enfoque comparativo, orientado al análisis del impacto educativo y económico de la simulación médica frente a la enseñanza clínica tradicional. Los hallazgos confirman que la simulación médica se ha consolidado como una estrategia pedagógica efectiva, complementaria e incluso superior en algunos aspectos, para mejorar la adquisición de retención de habilidades clínicas, la autoconfianza y la seguridad en la práctica médica. Este efecto se asocia al principio de práctica deliberada y la retroalimentación inmediata. Desde el punto de vista económico, aunque la simulación requiere una inversión inicial considerable, resulta costo-efectiva a mediano y largo plazo. La enseñanza clínica tradicional continúa siendo insustituible para el desarrollo del juicio clínico, la empatía y la experiencia directa con los pacientes. En conjunto, la evidencia respalda que el modelo educativo más efectivo es la integración de ambos enfoques.

Palabras clave:  Simulación médica. Enseñanza clínica. Educación médica. Costo-efectividad. Estrategias pedagógicas.

Contenido

Introducción

La simulación médica como técnica educativa se encuentra presente hoy en día como parte importante de los programas formativos de la enseñanza médica. Su auge está directamente relacionado con la inquietud por la calidad y la seguridad en la atención a los pacientes, y la exposición previa a la práctica del personal médico. La simulación médica es una herramienta que permite al estudiante participar en escenarios clínicos que se asemejan a la realidad y los faculta para adquirir destreza y confianza antes de enfrentarse a situaciones reales. La simulación se ha validado como una estrategia pedagógica eficaz que actualmente se encuentra implementada en muchas escuelas de medicina, y distintos marcos teóricos, como la teoría del aprendizaje experiencial de Kolb, sostienen su utilidad. El panorama actual de la educación médica global sigue estas tendencias educativas, tecnológicas y económicas; de maniquíes de baja fidelidad hasta la formación de ecosistemas de alta fidelidad, realidad virtual y simulación basada en inteligencia artificial, entre otros1.

Cabe entonces preguntarse si la simulación médica es un método que pueda brindar mejores resultados que la enseñanza clínica tradicional. Aquí es importante realizar análisis de costos, ya que los recursos y los presupuestos en salud y educación médica son limitados, y si llega a existir un instrumento que obtiene mayores beneficios formativos se debe incentivar. Otro factor importante del panorama actual es la escalabilidad de la simulación; esta ha demostrado adaptarse y manejar un volumen creciente de estudiantes sin comprometer su rendimiento o eficiencia. La simulación moderna ya no busca solo realizar procedimientos prácticos, sino más bien competencias integrales como trabajo en equipo, ética, resolución de problemas y comunicación, todas ellas competencias que se esperan del médico contemporáneo2.

La enseñanza clínica tradicional es un sistema detallado y conocido que ha evolucionado y ha producido generaciones de médicos con buenas bases científicas y habilidades clínicas3. Brinda a los estudiantes la oportunidad de conocer el entorno clínico y adaptarse a él. Esta modalidad permite experimentar de primera mano la complejidad de la práctica médica real y las dinámicas que se viven dentro de un hospital. También se fundamenta en el conocimiento directamente aplicado, con sus respectivas consecuencias positivas y negativas, lo que se conoce como bedside teaching4. Sin embargo, presenta desafíos significativos en la actualidad, como exposición limitada a los pacientes, dependencia del tutor y riesgos potenciales para los pacientes, y además es un tipo de educación no estandarizada. La enseñanza clínica tradicional incluye el enfoque en la memorización, escasa participación activa de los estudiantes, tiempo insuficiente de discusión y desglose de cada caso o práctica, e incomodidad del espacio clínico o intrahospitalario para enseñar. Recientemente se ha visto que la limitación más importante de la enseñanza, en el contexto clínico tradicional, es que la educación dentro de la medicina convencional no ha tenido la participación de educadores capacitados, es decir, se consideraba que un alto nivel de experiencia clínica era suficiente para ser un buen educador, y ahora se reconoce que la enseñanza por sí sola requiere capacitación especializada4.

Estas limitaciones han impulsado la búsqueda de métodos complementarios que ofrezcan un aprendizaje seguro, estandarizado y controlado, como es la simulación médica. La educación médica basada en simulación busca crear escenarios clínicos reales, en los que el estudiante pueda encontrarse en entornos controlados y seguros para su aprendizaje. El beneficio principal es establecer confianza y seguridad, siendo así que, al momento de trasladar el conocimiento de la simulación a la práctica real, la exposición previa y la práctica permitan realizar una mejor ejecución.

La simulación médica ha crecido en los últimos años y al día de hoy se la considera como un complemento de la enseñanza tradicional. Su desarrollo se ha visto impulsado por los nuevos avances tecnológicos y por los estándares internacionales de seguridad y calidad de la atención médica. Sus principales componentes son un crecimiento del mercado global, el costo de la educación médica, la seguridad del paciente, la reducción de los errores médicos y la formación clínica segura.

La educación basada en simulación se utiliza cada vez más como una alternativa a la enseñanza clínica tradicional porque puede reducir los costos de capacitación mientras mantiene o mejora los resultados educativos5. El costo anual aproximado de los errores médicos en los Estados Unidos de América es de 17.1 mil millones de dólares6, muchos de los cuales son medibles y podrían utilizar como recurso la simulación y reducir estos costos. Existe evidencia que demuestra que la capacitación basada en simulación no solo es equivalente, sino que en muchos casos supera a la tradicional y ha demostrado mejoras significativas en conocimientos, habilidades y conductas en comparación con esta7.

En la mayoría de los contextos en donde los presupuestos de la salud son limitados, la simulación representa una oportunidad costo-efectiva para administrar los recursos, a la vez que permite entrenar competencias clínicas, comunicativas y trabajo en equipo, minimizando las equivocaciones y fortaleciendo la confianza del estudiante.

Actualmente se considera a la simulación médica como un instrumento educativo complementario, que ofrece una oportunidad para que los estudiantes pueden adquirir habilidades antes de presentarse ante un paciente real, reduciendo de manera significativa la tasa de fallos en la práctica y los riesgos para los pacientes. En conjunto, fortalece la calidad de la atención a los pacientes y la formación del profesional.

La simulación médica no solo representa un instrumento pedagógico, sino también un sector con implicaciones económicas crecientes en todo el mundo. La inversión en tecnologías y centros de simulación se ha afianzado en diferentes sistemas educativos y de salud, y hoy en día es una industria en desarrollo con proyecciones sostenidas de crecimiento. Esta tendencia responde a la necesidad de reducir los costos asociados a la práctica clínica en pacientes reales, minimizar los eventos adversos y optimizar la capacitación de los profesionales de la salud utilizando entornos controlados, reproducibles y estandarizados. El mercado global de simulación médica estaba valorado en 3 mil millones USD en 2024 y se proyecta que alcance 8.57 mil millones USD hacia 2033, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 15.6%8,9. Se estima que el mercado de simulación médica en América Latina crecerá de 220 millones USD en 2024 a 850 millones USD en 2033, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 16.19%, siendo Brasil y México los principales contribuyentes10.

Objetivo

El objetivo de esta revisión es analizar el impacto educativo y económico de la simulación médica y la enseñanza clínica tradicional, con el fin de determinar su efectividad como estrategia complementaria en la formación de estudiantes de medicina. Se hace una descripción de los fundamentos teóricos y pedagógicos, se comparan las ventajas y las limitaciones de ambos modelos, y se evalúan las relaciones costo-beneficio en el contexto de la educación médica para determinar su impacto en la práctica educativa.

Método

Se realizó una revisión narrativa con enfoque comparativo, orientada al análisis del impacto educativo y económico de la simulación médica frente a la enseñanza clínica tradicional. La búsqueda bibliográfica se efectuó en bases de datos internacionales, repositorios institucionales, incluyendo artículos originales, revisiones narrativas y reportes técnicos que abordan resultados educativos o económicos de la simulación médica.

La información obtenida se clasificó en fundamentos pedagógicos y teóricos, impacto educativo documentado en conocimientos y habilidades, costos de implementación, operación y escalabilidad. Se omitieron documentos sin evidencia empírica que no contribuyeran al análisis comparativo. Se priorizó seleccionar literatura con relevancia práctica para el contexto educativo, publicada en los últimos 10 años y disponible en texto completo en inglés o español.

La búsqueda se realizó durante los meses de agosto a octubre de 2025, utilizando palabras clave y descriptores controlados como “medical simulation”, “clinical teaching”, “cost-effectiveness”, “educational outcomes” y “simulation-based learning”, combinados mediante operadores booleanos para optimizar la recuperación de información.

Para el análisis se empleó un enfoque temático, organizando los hallazgos según dimensiones pedagógicas, formativas y económicas, y posteriormente se realizó una comparación narrativa y cualitativa entre los resultados reportados para ambos modelos educativos.

La revisión se realizó de manera descriptiva y comparativa, identificando ventajas, limitaciones y puntos de convergencia entre ambos modelos educativos, así como brechas de conocimiento que orienten futuras líneas de investigación en educación médica.

Desarrollo

La simulación médica ha emergido en las últimas décadas como una herramienta central en la educación de profesionales de la salud, impulsada por la necesidad de mejorar la seguridad del paciente y la efectividad del aprendizaje sin exponer a los pacientes reales a riesgos; en la actualidad se utiliza globalmente en todos los niveles educativos de pregrado, posgrado y especialidad11. Suele implementarse en centros de simulación, espacios designados y diseñados para recrear escenarios clínicos que permiten a los estudiantes practicar de manera segura y controlada. En el ámbito mundial existen diferencias notables para aclimatarse a este sistema; los países de altos ingresos han desarrollado centros de simulación de alta fidelidad con tecnología avanzada que incluyen maniquíes programables, realidad virtual, simuladores de procedimientos quirúrgicos y simulación de equipos completos de emergencias. Estos son centros que se enfocan en lo técnico y también en competencias como trabajo en equipo, liderazgo, comunicación y manejo de crisis de igual manera. Por otro lado, en los países de medianos y bajos ingresos, la simulación médica, aunque en ascenso, se ha visto rezagada por la limitación de recursos. La simulación en estos casos se centra en simuladores de bajo costo, métodos de simulación por juego de roles y entrenamientos en modelos anatómicos11.

En términos de investigación, la simulación médica ha sido objeto de numerosos estudios que demuestran su eficacia. Por ejemplo, los metaanálisis y las revisiones sistemáticas muestran que «la educación basada en simulación produce mejoras significativas en el desempeño clínico, la retención de conocimientos y habilidades, y la reducción de errores»12. Este enfoque resalta las tendencias globales de crecimiento de la simulación médica.

La simulación médica ha demostrado ser una estrategia educativa altamente efectiva para la adquisición de habilidades clínicas específicas, especialmente cuando se combina con la práctica deliberada, siendo la retroalimentación lo que se constituye como la característica más importante de la simulación, porque se identifican errores y se refuerzan conductas correctas, lo que traduce en un aprendizaje más sólido y duradero. De manera complementaria, McGaghie et al.2 evidenciaron en un metaanálisis que la educación médica basada en simulación con práctica deliberada supera de manera significativa a la educación clínica tradicional en el alcance de objetivos de adquisición de habilidades clínicas, con un tamaño del efecto de 0.71 (intervalo de confianza del 95%: 0.65-0.76; p < 0.001), lo cual indica que los estudiantes que participan en simulación mejoran de manera moderada-alta en comparación con aquellos que reciben enseñanza clínica convencional. Resalta la eficacia de la simulación para acelerar la curva de aprendizaje. En el contexto de las habilidades técnicas críticas, los estudiantes que participan en programas de práctica deliberada adquieren casi el doble de competencias en la mitad del tiempo en comparación con los que solo realizan observación y práctica clínica11. Así, la simulación médica, más allá de ser una herramienta tecnológica, es un modelo pedagógico integral con resultados altamente efectivos.

Sin embargo, además de su impacto en el rendimiento académico, la sostenibilidad económica de este modelo ha cobrado creciente interés en la literatura, pues su implementación implica consideraciones logísticas y presupuestales relevantes para las instituciones educativas. A medida que la simulación médica se consolida como una competencia esencial en el entrenamiento clínico surge la necesidad y se destaca la importancia de evaluar su viabilidad económica. La adopción de la simulación implica un cambio estructural en los modelos de enseñanza, con inversiones iniciales significativas13. Un centro de simulación médica requiere una inversión inicial y sus respectivos costos operativos son continuos. La inversión inicial está compuesta principalmente por infraestructura, adquisición de simuladores (que pueden variar en costos dependiendo el tipo de fidelidad o complejidad), software especializado y otras categorías adicionales como insumos para los simuladores, hardware, personal docente, instructores especializados, etc. La inversión inicial es alta, pero el mantenimiento y los costos operativos han demostrado que es un método de enseñanza que a mediano y largo plazo representa un ahorro importante, por el mantenimiento anual bajo, con una reducción de costos de un 85% en comparación con la enseñanza tradicional14. Los estudios estiman que el retorno de inversión de los centros de simulación puede alcanzarse entre los 3 y 5 años posteriores a su implementación, dependiendo del volumen de estudiantes y de la frecuencia de uso7,8. Por otro lado, se ha reportado que la formación hospitalaria conlleva unos costos significativos constantes que son difíciles de cuantificar, ya que incluyen varios aspectos, como el tiempo docente, la ocupación de espacios hospitalarios como el quirófano y el riesgo de errores clínicos7. Esto ha demostrado que la simulación es una propuesta muy atractiva al ser eficiente y reproducible, justificando la inversión inicial frente a los costos directos e indirectos de la enseñanza tradicional15.

La formación médica en el mundo en general implica costos elevados. Los modelos educativos alternativos, como la simulación, no son un sustituto a la enseñanza tradicional, pero sí una forma de optimizar los recursos13,16.

A pesar de su eficacia educativa, el análisis económico de la implementación de la educación médica basada en la simulación es limitado y la mayoría de los estudios reportan costos incompletos, centrándose principalmente en equipos y materiales7,17. Sin embargo, estudios específicos han mostrado que, aunque los costos iniciales de simulación de alta fidelidad son mayores que los de educación tradicional18, los beneficios en términos de prevención de eventos adversos graves y mejora en competencias pueden superar ampliamente la inversión, considerando los costos directos de estos eventos19,20. Además, las innovaciones recientes en simulación, como la realidad virtual con retroalimentación háptica e inteligencia artificial, han demostrado mejorar la precisión, la velocidad de aprendizaje y la retención de habilidades mientras reducen costos a largo plazo, mostrando gran escalabilidad21. Desde el punto de vista del volumen de entrenamiento, la diferencia es notable. Un centro de simulación médica puede entrenar en promedio simultáneamente entre 4 y 8 grupos de estudiantes en distintos escenarios o estaciones clínicas, alcanzando una capacidad promedio de 80 a 150 estudiantes por jornada, mientras que en los entornos hospitalarios el aprendizaje suele ser limitado a grupos más pequeños, de 5 a 10 estudiantes por servicio, y además son dependientes de la disponibilidad de pacientes, procedimientos y supervisores2. Esta diferencia en capacidad permite a los centros de simulación multiplicar el número de prácticas efectivas, estandarizar procesos de experiencia formativa y un ahorro de costos sumamente importante en el entrenamiento clínico.

El análisis de los costos educativos en el ámbito internacional muestra diferencias marcadas y refleja las capacidades económicas de cada país, sus prioridades y sus estrategias en inversiones educativas. Según los datos comparativos, el costo promedio anual por estudiante de medicina en el mundo es de 100,000 dólares estadounidenses (1.5 millones de pesos mexicanos), lo cual refleja el alto costo del entrenamiento médico tradicional, asociado al uso intensivo de recursos hospitalarios, tiempo docente, materiales clínicos y riesgo inherente de errores médicos, entre otros13.

Frente a este panorama, la simulación médica se presenta como una alternativa complementaria que ofrece una reducción de los costos frente a la inversión inicial, principalmente por la posibilidad de reutilizar escenarios clínicos, estandarizar procesos educativos y optimizar el tiempo de práctica sin depender de la disponibilidad hospitalaria7,12.

Desde la mirada pedagógica, la simulación no es un reemplazo de la enseñanza clínica tradicional, sino una herramienta que la optimiza y la complementa donde puede tener limitaciones. Permite establecer una formación homogénea entre estudiantes porque reduce la variabilidad del aprendizaje y asegura la exposición de todos los estudiantes a situaciones críticas en el entorno hospitalario, fundamentales para la seguridad del paciente. Sin embargo, cuenta con limitaciones importantes, como un costo inicial elevado de implementación, la necesidad de personal capacitado y el riesgo de que la experiencia se torne artificial si no se acompaña con una correcta contextualización clínica.

En conjunto, los modelos basados en simulación demuestran ser una alternativa costo-efectiva, escalable y sostenible, especialmente cuando forman parte de un sistema híbrido de formación médica orientado a la excelencia educativa y la seguridad del paciente.

Discusión

Los hallazgos de esta revisión confirman que la simulación médica se ha consolidado como una estrategia pedagógica efectiva, complementaria e incluso, en algunos aspectos, superior a la enseñanza clínica tradicional. La evidencia en términos educativos coincide en que la simulación mejora significativamente la adquisición y la retención de habilidades clínicas, la autoconfianza del estudiante y la seguridad de la práctica médica. Este efecto se relaciona directamente con el principio de la práctica deliberada y la retroalimentación inmediata, que permiten la identificación de errores de manera temprana y reforzar conductas adecuadas en un entorno controlado, en comparación con el enfoque clínico convencional, en el cual el aprendizaje está sujeto a la exposición de casos y procedimientos dependientes a disponibilidad hospitalaria y del tutor.

En el ámbito formativo, la simulación ofrece una oportunidad equitativa y estandarizada de aprendizaje, y contribuye al desarrollo de competencias transversales, como comunicación, liderazgo, trabajo en equipo y toma de decisiones bajo presión. Esta ventaja resulta relevante en el contexto actual de la medicina, en el que se enfatiza la seguridad del paciente como eje rector del proceso formativo. Con la simulación se pueden recrear situaciones críticas de alta complejidad sin ameritar un riesgo para los pacientes, y que los estudiantes no dejen de aprender.

Desde la perspectiva económica, los resultados sugieren que la simulación médica, aunque demanda una inversión inicial considerable, se perfila como una alternativa costo-efectiva a mediano y largo plazo. La evidencia muestra que los costos operativos anuales son sustancialmente menores en comparación con la enseñanza tradicional. Además, la capacidad de los centros de simulación para entrenar estudiantes ronda entre los 80-150 por jornada laboral, mientras que un servicio hospitalario contrasta con el promedio de 5-10 estudiantes; esto indica que la simulación incrementa exponencialmente el volumen de formación y la eficiencia educativa. La escalabilidad de la simulación representa una ventaja sustancial frente al modelo tradicional.

El análisis comparativo entre ambos modelos evidencia que la enseñanza clínica tradicional es insustituible en cuanto al desarrollo de juicio clínico, empatía y experiencia directa con los pacientes, pero su estructura presenta limitaciones importantes en la estandarización del aprendizaje, la seguridad del estudiante y del paciente, los altos costos del entrenamiento médico anual y los errores cometidos en la práctica real. En cambio, la simulación médica proporciona un entorno reproducible, controlado y seguro, lo que resulta ideal para la práctica inicial y la consolidación de competencias, especialmente útil para reducir la curva de aprendizaje antes de la exposición hospitalaria, que es en donde luego se va a adquirir la experiencia clínica.

En el ámbito internacional, el costo promedio del entrenamiento médico anual por estudiante ronda los 100,000 dólares estadounidenses. Este dato refuerza la necesidad de estrategias que optimicen los recursos y promuevan una enseñanza eficiente y sostenible. La simulación constituye una respuesta viable ante los retos financieros de las instituciones educativas.

Finalmente, aunque los resultados analizados aseguran los beneficios de la simulación médica, aún existen limitaciones importantes. Muchos estudios presentan variabilidad metodológica y carecen de uniformidad en la evaluación de los costos de cada centro de simulación o de cada simulador en particular. Además, no consideran factores indirectos como el mantenimiento del equipo o el entrenamiento del personal docente, y se requieren investigaciones con metodologías comparativas más robustas que cuantifiquen el retorno de la inversión y el impacto longitudinal en el desempeño del profesional.

La integración de ambos enfoques parece representar el modelo más equilibrado para la formación médica contemporánea.

Conclusiones

La simulación médica se ha fortalecido como un pilar esencial en la educación médica, al demostrar ser una herramienta y una estrategia pedagógica eficiente. Es complementaria a la enseñanza clínica tradicional en diversos aspectos, ya que su fortaleza radica en la posibilidad de ofrecer una formación estandarizada, segura y reproducible, en la que el error se convierte en una oportunidad de aprender y no en un riesgo para el paciente.

La enseñanza tradicional es insustituible para el desarrollo del juicio clínico y la empatía; el estudiante aprende de cada paciente de manera individualizada de sus síntomas, de su historia y de su contexto social y emocional, siendo estas experiencias las que desarrollan criterio clínico, pero enfrenta limitaciones inherentes a la variabilidad de casos en el entorno clínico.

Desde una perspectiva económica, la simulación médica demuestra ser una alternativa costo-efectiva a mediano y largo plazo, porque refleja una eficiencia operativa superior y una notable escalabilidad del proceso educativo a todos los entornos hospitalarios. En el panorama internacional, la simulación médica ha dejado de ser una herramienta complementaria para convertirse en una industria educativa y tecnológica en expansión.

En conjunto, la evidencia disponible respalda que el enfoque pedagógico más efectivo para la nueva enseñanza clínica es la integración o la adaptación de ambos modelos educativos: la simulación como base estructurada para la adquisición de habilidades y la enseñanza clínica como escenario de aplicación y desarrollo del juicio clínico médico. Esta combinación permite formar médicos no solo técnicamente competentes, sino también empáticos, reflexivos y comprometidos con la seguridad del paciente. Así, la simulación médica no sustituye la práctica clínica, sino que la transforma, la mejora y la proyecta hacia el futuro de la educación médica global.

Financiamiento

Los autores declaran no haber recibido financiamiento para este estudio.

Conflicto de intereses

J. Loría-Castellanos es miembro del comité editorial de la revista Anales Médicos. Los demás autores declaran no tener conflicto de intereses.

Consideraciones éticas

Protección de personas y animales. Los autores declaran que para esta investigación no se han realizado experimentos en seres humanos ni en animales.

Confidencialidad, consentimiento informado y aprobación ética. El estudio no involucra datos personales, historias clínicas ni muestras biológicas humanas, por lo que no requiere aprobación ética. No se aplican las guías SAGER.

Declaración sobre el uso de inteligencia artificial. Los autores declaran que no se utilizó ningún tipo de inteligencia artificial generativa para la redacción ni la creación de contenido de este manuscrito.

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